Alevi Peña
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Música · literatura · matemáticas · investigación · herramientas digitales

Alevi Peña

Archivo autoral de creación, estudio y herramientas abiertas: música contemporánea, escritura, matemáticas, investigación y aplicaciones digitales.

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Archivo

Seis áreas, una misma práctica

El sitio reúne obras terminadas, documentos de trabajo destinados a circulación pública y herramientas digitales. Cada área conserva su propia lógica editorial sin convertir el repositorio público en un espejo de notas privadas.

Música

Partituras, fichas de obra y registros sonoros. El catálogo musical ya reúne nueve composiciones con sus PDF históricos.

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Literatura

Narrativa, ensayo y, progresivamente, poesía y teatro, organizados como una colección de lectura pública.

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Matemáticas

Estudio, escritura y publicación matemática, con una futura conexión al proyecto independiente Matemática Abierta.

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Un espacio para estudios, ediciones y proyectos de investigación destinados a circulación pública.

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Programas y materiales asociados a instancias de formación, lectura y práctica creativa.

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Instrumentos digitales autónomos vinculados con investigación, memoria, creación y experimentación.

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Sobre mí

Reseña biográfica

Alevi Peña nació en La Serena, Chile, en 1983, en un hogar profundamente ligado a los libros, la literatura y la música. Su padre, Miguel Peña, fue profesor de castellano, periodista, reportero gráfico y escritor; su madre, Luisa Jiménez, es psicóloga y una gran lectora. Creció viendo a su padre escribir constantemente en su máquina de escribir y escuchando música clásica en casa. Su propio camino hacia la música comenzó, sin embargo, de una manera fortuita: de niño soñaba con tocar el tambor en una banda escolar y terminó ingresando a la escuela de música. Fascinado por el jazz y Louis Armstrong, quiso estudiar trompeta o contrabajo, pero la falta de cupos lo condujo al fagot. A los catorce años comenzó además a componer de manera autodidacta y, al terminar el colegio, se trasladó a Santiago para continuar sus estudios musicales, inicialmente con la intención de convertirse en compositor. El fagot terminó siendo durante años su profesión y una de las líneas permanentes de su vida artística.

Aunque había crecido rodeado de literatura, suele decir que “aprendió a leer a los veinticinco años”. El momento decisivo fue la lectura de Purgatorio, de Raúl Zurita, en 2008. Allí descubrió una poesía experimental y de vanguardia que dialogaba con las búsquedas que ya lo habían atraído en la música contemporánea y que contrastaba con la tradición métrica y clásica que había conocido durante su infancia. De Zurita pasó a Juan Luis Martínez, Rodrigo Lira y otros poetas chilenos, y de la lectura a la escritura casi sin transición. En 2011 fue además alumno de Zurita en un taller, experiencia particularmente importante en su formación. Publicó poesía entre 2010 y 2017 y posteriormente un libro de narrativa compuesto por tres cuentos. Actualmente prepara un proyecto de poesía reunida, continúa escribiendo poesía, trabaja en una novela y desarrolla diversos ensayos e investigaciones.

Otro giro fundamental ocurrió en 2009, cuando, mientras paseaba por Santiago con su hija Matilda recién nacida, descubrió El Libro Rojo de C. G. Jung en la vitrina de una librería. La fascinación inicial por aquel objeto lo llevó a una lectura intensa de Jung y, a partir de la pregunta por qué este había abandonado El Libro Rojo al descubrir la alquimia, a más de una década de estudio de la literatura alquímica, la tradición hermética y distintas corrientes del esoterismo occidental. Esa investigación, originalmente privada, dio lugar años después a sus talleres sobre Jung, imaginación activa, hermetismo y arte de la memoria. Hoy continúa desarrollándose como fagotista y compositor, aunque la escritura se ha convertido progresivamente en el centro de su trabajo. El hilo que reconoce detrás de todas estas actividades es la búsqueda de aquello que la tradición alquímica llamó el “gran arte”: una concepción de la creación que reúne conocimiento, transformación y belleza. En ese sentido, hace suya una frase del grabador y editor Raoul Veroni, inmigrante italiano en Argentina: “Yo soy un servidor de la belleza”.

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© Alevi Peña

 

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